Crónicas de la ignominia. VI.
MICER AMBROSIO. VI. Ambrosio sucumbió también a estas pasiones malsanas que, caracterizaron la atávica barbarie, que aún no podemos superar y, como hicieran los peninsulares en Mexico con Moctezuma y años después con Atahualpa en el Perú, tras recibir a satisfacción todas las riquezas prometidas para evitar su muerte y la devastación de sus pueblos, ejecuta al cacique Upar sin reato alguno, saquea como era su costumbre y entrega a la furia de las llamas los asentamientos. Tenia ya referencias del pródigo País de los Pocabuyes y, cuando aún ardían los rescoldos en el devastado territorio Chimila, tras enviar nuevamente hacia Coro un abundante botín con la mitad de sus hombres sobrevivientes, siguió con la otra mitad sobre el cauce del rio que hoy denominamos Cesar, el rumbo hacia sus míticas ciudades. Aquel tesoro jamás llegaría, termino perdido en la jungla para siempre y cuentan que solo uno de sus portadores consiguió arribar a su destino, en sus huesos ...