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Crónicas de la ignominia. XI.

   ALONSO DE OJEDA. III.  Astuto y audaz lo consideraron sus contemporáneos, por lo imprudente y taimado diría hoy en día, cuando develamos sus tretas, sus desafueros y los exabruptos que costaron muchas vidas entre los indígenas y bastantes de los suyos propios. Como todos los que entonces descollaban en aquella empresa del descubrimiento y de la conquista del nuevo mundo, contaba con el apoyo y la ambición del correspondiente mecenas, al interior de aquellas cortes de las intrigas, las conjuras, las conspiraciones. En este caso era Don Juan Rodriguez de Fonseca, quien, de una manera que ni la más vivida imaginación podría hoy describir, logra un lugar de privilegio al lado de la católica Isabel, a quien su familia apoyara incondicional en la pugna por el trono. Una vez allí su ascenso es vertiginoso y, termina en mil cuatrocientos noventa y tres al frente de los asuntos de Indias, organizando el segundo viaje colombino.  Empieza a la sazón también, una fuerte rival...

Crónicas de la ignominia. X.

   ALONSO DE OJEDA. II.  El anecdotario alrededor de los protagonistas de los hechos históricos, suele ser extenso y, aunque es obvio que no puede ser muy confiable, nos sirve para comprender en cierta medida su carácter y, sin discusión, hace amena y florida la narración de los hechos. Empecemos hoy con una ilustrativa anécdota de Don Alonso, el de Cuenca. Contamos ya como; gracias a la influencia de aquel jerarca católico, entonces al frente de los asuntos políticos de las Indias, monseñor Rodriguez de Fonseca; quien sería llamado el centauro de Jáquimo, comanda su primera expedición y lleva consigo a los mercaderes hacedores de cartas de marear que, para entonces gozan de cierto prestigio entre los navegantes. Se ganó aquel mote el capitán, tras una legendaria batalla en la que venció, con una pequeña tropa, las huestes bajo el mando de un viejo conocido, el belicoso cacique taino Caonabo, quien les resistió y les hizo difícil la conquista de La Española desde sus comi...

Crónicas de la ignominia. IX.

   ALONSO DE OJEDA. I.  Partiremos hoy enunciando una premisa que, desde que inicie este empeño, he tenido y tendré siempre presente. Debo contar con la posibilidad de que la información recabada, sea cual sea la fuente, podría estar contaminada, influenciada por la subjetividad de los cronistas de aquellas épocas ya lejanas. Para esbozar el perfil de cualquiera de nuestros protagonistas, será necesario especular en ocasiones y en ocasiones recurrir a la ficción. No obstante, me comprometo a buscar y rebuscar en los anales a cabalidad, para definir los que nos tocan, con la mayor objetividad posible.  Don Alonso de Ojeda; el que nos interesa, porque hubo otro que anduvo con Cortés, por Mexico y Centroamérica; vino al mundo en el seno de una familia de hidalgos venida a menos, como la mayoría en ese entonces. Allí creció entre muchas dificultades pero, se esforzó preparándose para entrar al servicio de algún noble, de los que serian luego grandes del reino, buscando a...