Crónicas de la ignominia. VIII.
JUAN DE LA COSA. II. Dejamos al fiel servidor de la corona de Castilla convertido en navegante y marino mercante; gozando de las mercedes reales-gratuitas, decían los envidiosos en los mentideros- y con empresa propia asentada en el puerto de Santa María, gracias a la indemnización por la perdida de su nao; moviendo sus buenos alcauciles de trigo hasta los puertos vizcaínos y participando en los primeros viajes andaluces, como maestro de marear o piloto mayor en algunos casos. Había llegado hasta allí, tras participar como cronista cartográfico y asesor a bordo de la nave capitana, en el segundo viaje de Colón y regresar después de casi tres años de exploración de las islas y sus costas. No obstante, se siente menospreciado y, envanecido deja la sombra del descubridor, con quien nunca tuvo una buena relación, dedicándose una vez más al cabotaje; con el intercambio de cereales del sur por salazones del norte y algo de comercio en las cercanías; mientras elabora u...