Crónicas de la Esclavitud. III.
LOS BARCOS ESCLAVISTAS. Espeluznante, sería la expresión más adecuada para ilustrar el grado de abyección alcanzado por los traficantes, con el fin de hacer rentable la trata con los naturales africanos. Mientras en las bibliotecas de la abadías y los monasterios algunos iluminados pretendían preservar el pensamiento clásico de las culturas grecolatinas; hoy gracias a ellos parte fundamental de nuestro bagaje intelectual, que la escolástica oficial desvirtuaba bajo la patina oscura del dogma; los poderosos mercaderes de las talasocracias estructuraban, coligados con los monarcas de los nuevos reinos consolidados, tras dos siglos y medio de conquistas y reconquistas, el lucrativo negocio. En el caso de Portugal surge un personaje muy peculiar que, "tenia sangre de reyes, herencia de caballero templario y visión de comerciante", el infante Don Enrique el navegante. Con el Mediterráneo bajo el dominio de genoveses y venecianos, a su reino; considerado el prim...