Crónicas de la Esclavitud. IV.

 

 EL COMERCIO TRIANGULAR.


 "Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados, eran los hombres barbados de la profecía esperada." Gabino Palomares. La Maldición de Malinche. (Canción)

 Como consecuencia directa del secuestro de seres humanos para ser subastados en los puertos esclavistas de las llamadas Antillas, en Cartagena, en las costas del Brasil y finalmente en las norteamericanas; a nivel global, se desarrolla una dinámica comercial muy peculiar, por decir lo menos. Los expertos lo llamaron el Comercio Triangular: en un triangulo vicioso; valga la redundancia; armas, herramientas, manufacturas, baratijas y alcohol; según los cronistas, fueron usados para canjear con los poderosos de los grandes reinos africanos, por la mercancía humana. Otros hombres barbados de la península ibérica, los lusos, habían llegado a sus playas, medio siglo antes de que Colón y los suyos, famélicos y desesperados, llegaran a Guanahani, la isla primera que los acogió en ultramar, tras la azarosa travesía. Para entonces, Enrique el navegante había consolidado el negocio de la trata en Europa. Al puerto de Lagos, en la región de Algarve al sur de Portugal, llegó en 1445 el primer cargamento de más de 200 esclavos africanos y desde entonces no se detuvieron los traficantes hasta 1889, cuando por ley, es abolida en la que sería la  Republica Federativa del Brasil.

 Como ya lo vimos, enfrentaron, un siglo después de sus comienzos, una enconada competencia de las naciones que se convirtieron en potencias económicas y militares, con el usufructo de seres humanos. Para el siglo XVII, holandeses, belgas, franceses y británicos, transportaban miles de esclavos en sus nuevos barcos diseñados para el efecto, a las colonias americanas. Una vez descargados y vendidos en los puertos donde serían subastados, los mercaderes procedían a buscar carga para sus barcos con los exportadores de minerales preciosos y productos de consumo masivo como azúcar, algodón, cacao, especias o café, completando el ciclo mercantil cuyos resultados, los beneficios y las utilidades terminaban engrosando las arcas de los poderosos.

 La fuerza de trabajo, en su mayoría esclava y los marineros, con la excepción de los capitanes de los barcos, apenas sobrevivía en condiciones lamentables. Se calcula que los portugueses capturaron, canjearon, compraros, transportaron y vendieron alrededor de la mitad del total de los africanos esclavizados. Las cifras, aunque inexactas por la imposibilidad de certificarlas, también son espeluznantes: entre 13 y 20 millones personas negras-fallecieron alrededor de 2 millones en el trayecto-, fueron convertidos en mercancía, desarraigadas y ultrajadas hasta la ignominia, en aquellos monstruos creados por el ingenio de sus semejantes blancos y, luego en las minas y  las plantaciones, sin recibir beneficio alguno, durante  más de trescientos años. Solo hasta mediados del siglo XIX; cuando, con las pingues ganancias algunas potencias europeas desarrollaban el capitalismo salvaje que quedo como remanente; frente a la vergüenza que significaba, esta práctica deleznable empezó a ser cuestionada. Derruidos los imperios por el peso del infame colonialismo, las republicas resultantes del grito de independencia que inspiró la revolución del pueblo francés, establecieron sus estados de derecho con base en la igualdad, la libertad y la fraternidad.

 No obstante, las complejas y arraigadas maneras de relacionarnos que, como especie hemos desarrollado los humanos, aún al día de hoy, han impedido la implementación a cabalidad de estos trascendentales principios. A pesar de las utopías que han inspirado, de las instituciones que se han estructurado fundamentadas en su esencia y, de innumerables contratos sociales surgidos en las democracias, todavía elegimos para gobernarnos, a nuestros tiranos, funestos remedos de aquellos que, construyeron la antigua historia.

 "EL comercio triangular es conocido en nuestros días por su lado oscuro. El representado por la trata de esclavos en el Atlántico. Sin embargo, las personas no era lo único con lo que se comerciaba." Dice textualmente en un aparte, un boletín de una prestigiosa escuela de negocios del viejo mundo, buscando talvez darle sentido a ese aspecto siniestro de las actividades económicas que darían como resultado la globalización de la economía, tras la expansión acelerada del capitalismo. Dicen también los expertos que, en esencia la economía mundial moderna es una consecuencia de los viajes de descubrimiento de los siglos XV y XVI. Deben tener bastante razón en esta afirmación pues, la revolución industrial consecuente, fue el resultado de la comercialización de los ingentes recursos explotados en el nuevo mundo y el enorme flujo de capital que se genero desde entonces en los círculos de poder. 

 Al día de hoy nos precipitamos al resurgimiento del fascismo en su peor forma, a una distopía de la mano del neoliberalismo económico que busca, en una perversa paradoja, restaurar y mantener aquellas antiguas y anacrónicas relaciones sociales de dominación, apelando incluso a la barbarie del genocidio.

 

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