Crónicas de la Esclavitud. II.
LOS ESCLAVOS EN AMÉRICA.
El oscurantismo perduró gran parte del medioevo, manteniendo a las masas populares sin acceso a la educación, monopolizada por la Iglesia católica para difundir sus preceptos, entre la minoría privilegiada en la cima de la estructura social, a cargo de propagar y preservar la preeminencia de Dios sobre el individuo; relegado a un lugar marginal, subordinado a las normas eclesiásticas que, legitimaban la autoridad de sus jerarcas, las propiedades y privilegios de los señores feudales, el poder de las nacientes monarquías, como voluntad divina. El conocimiento, el pensamiento crítico, la razón, fueron restringidos al ámbito de abadías y monasterios, y dentro de estos a los clérigos nobles, en lo alto de la jerarquía. En la noche oscura ardían las hogueras, quemando libros, brujas y hechiceros buscando eliminar las ideas contrapuestas, apagar los rescoldos de rebeldía del espíritu humano que, se resistía a ser enclaustrado.
En una imponderable paradoja, sería en lo más recóndito de aquellos claustros; donde en sombríos depósitos se conservaban algunos libros rescatados, referentes de las épocas clásicas, unos cuantos eruditos conscientes de su valor histórico, mediante la flama humilde de las velas, preservarían buena parte del conocimiento de las primeras civilizaciones. Superando el fanatismo religioso y la superstición que dominaban el pensamiento, lúcidos visionarios harían posible el renacimiento del espíritu humanista de los primeros filósofos. No es corta la lista de estos defensores de la cultura y la sabiduría humanas pero, hay un nombre que es reconocido por muchos como el pionero de este rescate, quien le dedicó su vida adulta, sacando a la luz muchas de las obras de los antiguos pensadores. Leyó y escribió todo lo que pudo el inefable Petrarca para convertirse en impulsor de la época efímera pero sublime, conocida como el Renacimiento.
Fue una revolución, frente al dominio por siglos de la Escolástica, retardataria filosofía impuesta por la Iglesia Católica y el fortalecido y empoderado Vaticano, convertido en potencia política, económica y militar, tras el oportuno-para sus intereses-descubrimiento del Nuevo Mundo. Ignorado al principio, denigrado luego por el poder, cuando comenzó a irradiar su luz a finales del siglo XV, desató una violenta contrarrevolución a través de la rediviva Inquisición en la península Ibérica, con la bendición del Pontífice. Una vez más con el pretexto de las "herejías" todo aquel que disputará la verdad revelada, convertida en dogma, era perseguido, capturado y condenado por el Tribunal del Santo Ofició, al oprobió, la prisión o incluso, a la muerte en la hoguera.
En este contexto histórico se dio un punto de inflexión, una vez más para beneficio de los poderosos, y perjuicio para los desposeídos. La luz radiante del renacimiento se opacaría una vez más, relegando el humanismo a mera letra muerta, en un sin número de códigos legales acomodados a la conveniencia de los más fuertes. Soberbios monarcas entronizados y fortalecidos; a través de la barbarie de las guerras religiosas, del floreciente negoció de los mercaderes en las talasocracias, incluyendo los tráficos más abyectos rezago de la época oscura; con la supuesta bendición de la providencia, se repartieron el viejo y el nuevo mundo.
La esclavitud en América no fue una novedad, algunos de sus pueblos originarios la practicaron y esclavizaron a los vencidos en sus confrontaciones pero, nunca con la sevicia y la alevosía con que floreció y fundamentó, las sociedades elitistas resultantes de su práctica, en los primeros tiempos de la conquista. Durante aquestos, la sufrieron los naturales y ante su inminente extinción, fueron reemplazados en la colonia, por millones de seres humanos arrancados de sus terruños africanos. Según cálculos de los eruditos, al día de hoy sobrevive un escaso 10% de los aborígenes amerindios, que eran entre sesenta y cien millones de seres humanos; se tiene información de alrededor de otros trece, arrancados de sus pueblos en África y se ha establecido la muerte de dos millones, arrojados al mar en el transcurso de las inhumanas travesías, hacinados como ganado en los barcos esclavistas.
De los sobrevivientes que, significaron pingües ganancias para los traficantes, descienden las comunidades afroamericanas que hoy aportan su legado cultural a nuestras naciones en ciernes, en virtud del trabajo forzado de sus antepasados. Quisiera que me acompañaran en las siguientes cuartillas, a indagar por los avatares de aquellos, a quienes se les arrebato en un principio su libertad pero, no su dignidad ni sus legados ancestrales.
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