Crónicas de la Resistencia. XXII.

 NASA PÁEZ. III.

 Aida y Manuel.


 Hoy quiero que hagamos un reconocimiento, como lo hizo Iván Cepeda Castro al elegir como su compañera para gobernar el País de la Belleza, a esa guerrera, nativa americana, orgullosa de sus raíces y del legado ancestral de sus antepasados, a cuyo rescate y preservación ha dedicado décadas de lucha a través de la palabra ecuánime y sensata. Ya dije en un trino que no pudo ser más acertada la escogencia. El líder popular, que no es otra cosa, quiso reivindicar sus propias batallas y las de aquel ancestro suyo que las inició y la inspiro a seguirlas con una entrega incondicional. Como lo hiciera su antecesor en la representación del Proyecto Progresista, llevaría a la cima del poder institucional, a su lado, a una verdadera representante del pueblo soberano. Por desgracia, nos desplazaron las viles y caducas maquinarias de la posibilidad de capitalizar, para beneficio de todos los colombianos, los frutos de una gesta que ya ajusta más de 500 años. 

 No estamos aquí para lamentar lo que pudo haber sido y no fue, sino para perseverar por ese camino trazado por quienes han dado todo, incluso la vida, para consolidar en Colombia una nación incluyente y sostenible. Seguiré entonces, en la brega de la palabra, para aportar a la derrota de la barbarie y algún día, no muy lejano, volver a ver, resplandeciente, una nueva oportunidad de conseguir lo que han soñado, lo que soñamos y, por lo que han luchado tantos antes; un estado justo y soberano.

 De Aida hemos oído y dicho bastante en estos días. Habrá mucho aun que decir en el futuro pero, hoy quiero que conozcamos mejor a su ancestro Manuel. Nos dicen los anales que vino al mundo, en el seno de una familia indígena, su padre Nasa, su madre Totoro, alrededor de 1.880, en las cercanías de Popayán, bastión del régimen confesional que entonces gestaba el proyecto nefasto de la Regeneración, buscando preservar el legado colonial español. Como era de esperarse vivían en una parcela dentro de una gran hacienda, pagando con su trabajo su posesión temporal para cultivar su sustento. El sistema de Terrazgo, sostenía firmemente, en el que fuera el Estado Soberano del Cauca, una sociedad, aun vigente, de ricos terratenientes dueños de todas la tierras cultivables; incluso muchas pertenecientes a los antiguos resguardos, usurpadas por aquellos herederos de los conquistadores y los encomenderos.

 Poco nos interesan aquí las cifras o las fechas. Ahí están en Wikipedia. Los hechos que constituyen la historia si. Ya dijimos que nuestro protagonista militó en el, partido conservador, por alguna extraña razón-se me ocurre ahora que se infiltró- y se enroló en su ejercito apenas pudo para luchar en la nueva guerra civil, la más larga y funesta de todas, la tristemente célebre de Los Mil días. Autodidacta, leía desde su infancia, lo hizo durante su adolescencia y, con ahínco estudió entre las batallas, la teoría del derecho y la legislación nacional hasta convertirse en erudito en la materia. Se defendió a si mismo en cada ocasión en que fue prisionero por su lucha en los estrados para recuperar los territorios, la dignidad y la autonomía de los pueblos aborígenes.

 Hagamos un poco de contexto histórico. En 1.876 el Presidente liberal radical, Aquileo Parra, al iniciar su gobierno, decide que el estado asuma el control de las escuelas publicas, estableciendo la educación gratuita y laica. Antes de finalizar el año, en defensa de los intereses de la Iglesia católica, y el partido conservador, un grupo de jóvenes de la élite bogotana, se organiza en la primera experiencia guerrillera que vería la brumosa capital. Coordinados por alias "Luis León", Jorge Marcelo Holguín Mallarino, quien fungía como el enlace con la dirección del partido; sin éxito alguno, se harían famosos como Los Mochuelos, en referencia a la Hacienda en los alrededores de Fucha, donde establecieran su campamento. No obstante aquella "revolución"; así la llamaron, encendería una vez más los ánimos bélicos, llevando al ocaso al Olimpo Liberal y propiciando la Alianza Nacional que culminaría con la entronización del régimen de marras, y la promulgación de la retardataria y excluyente Constitución de 1.886.

 Nacería Manuel entonces, y se levantaría en medio de aquel régimen oprobioso para su pueblo y todos los desposeídos, entre balazos y sablazos, atropellos, desafueros institucionales y desprecio de las oligarquías, hasta que finalmente comprendería las causas profundas del arraigado desequilibrio social. En la posesión de la tierra sustentan aún su poder aquellas élites obtusas ancoradas en el pasado. Decidió entonces que, armado de la palabra justa y su conocimiento de las leyes debía guiar a sus semejantes en la gesta por sus reivindicaciones. Y se aplicó, durante 25 años litigó en todos los estrados necesarios y logro al fin el reconocimiento de parte del estado, de aquellos resguardos en el Tolima. Sería el contraataque de los grandes propietarios, el comienzo de un conflicto que perdura hasta hoy, que parece agudizarse con el regreso al poder de la ultraderecha, dispuesta a contrarrestar los avances en ese sentido, del primer gobierno progresista. 

 Hagamos pues, el reconocimiento debido al gran hombre, al líder inspirador que, con su gesta abrió las puertas a las reivindicaciones de los pueblos subyugados desde la conquista española. Dice el CRIC en una publicación reciente que: "En 1914 fundó el Ejercito Redentor del Pueblo, una organización de resistencia pacífica con tintes emancipadores...apuntalando el inicio del pensamiento indígena organizado en el país." Ese pensamiento y la movilización de sus gentes, tienen a Aida y sus compañeros en la vanguardia de la revolución cultural que, puede sacarnos de la postración social a la que nos trajeron 200  años de desgobiernos de derecha.

 


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