Crónicas de la Resistencia. XVII.

 

 TAIRONAS. I.

 "Sobre los que fueron con Colón se ha escrito mucho, que puede resumirse en una sola frase: las autoridades no están de acuerdo." Alice Bache Gould.

 Ni las autoridades, ni la academia se han puesto de acuerdo en la mayoría de la información al respecto. En la Nueva lista documentada  de los tripulantes de Colón en 1492, publicada en 1984 por la Real Academia de Historia, esta afirmación es la única definitiva. La investigadora estadounidense agrega que se puede determinar con certeza la presencia de 87 tripulantes, con base en documentos relacionados con el asunto en particular pero, que podrían haber sido más. Cuantos más, nunca lo sabremos al parecer, por que cada vez que se indaga y encuentran datos, aparecen versiones divergentes. 

 El autoproclamado "defensor de los indios", Fray Bartolomé de las Casas afirma que fueron 90, según documentos de Hernando Colón que cayeron en sus manos, pero otros cronistas de la época; algunos de primera mano, otros meros transmisores de consejas y leyendas, hablan de alrededor de 120 marinos a bordo de las Carabelas; que no eran tres, sino dos de los hermanos Pinzón; las cuales la corona les obligó a ceder, en pago de sus deudas con el fisco y, una nao menor perteneciente al comerciante que se haría cartógrafo de fama, don Juan de la Cosa, con el cual logró un conveniente acuerdo para ambas partes, el futuro almirante. Los tres, en contraprestación exigieron participar en la aventura.

 Al día de hoy se conocen nombres y funciones de algunos tripulantes, registrados en documentos oficiales. Para el propósito de esta reflexión, mencionaremos a don Cristóbal Caro, platero de profesión, encargado de "determinar la ley del oro y la plata que esperaban embarcar en grandes cantidades." Lo que definitivamente sabemos que harían, estos y los demás codiciosos invasores, a costa de la vida y la honra de los naturales de estos parajes tropicales. 

Se presume que desde 1498 los conquistadores pisaron tierra firme, en los costas aledañas a la Sierra Nevada de Santa Marta, haciendo breves contactos comerciales con los pobladores de las innumerables aldeas de diversos pueblos, los Gaira, los Bonda, Betomas, Irotamas, donde confirmaron la abundancia de aquellos metales, que brotaban como por encanto de los ríos y lucían con desparpajo, en preciosas joyas fundidas con una técnica propia, que llamaban tairo los indígenas. Y así, como a su conveniencia asimilaron a los caribes como caníbales; por su costumbre de honrar a sus difuntos conservando sus restos en sus viviendas, terminaron haciéndolo con quienes encontraron en aquellos idílicos parajes, con la orfebrería que dominaban. Un siglo después, tras una enconada resistencia a las permanentes entradas a saco en sus asentamientos, los pocos sobrevivientes eran llamados Taironas. Huyendo de la barbarie buscaron refugio en las altas montañas, cuando comprendieron que, definitivamente no seria posible convivir con su codicia y alevosía, con su desprecio por su cultura, por la naturaleza venerada por ellos, y hasta por la vida misma pues, no tenían reato alguno para arrebatársela a sus semejantes, incluidos sus propios paisanos.

 En Febrero del año en curso salió a la luz en los grandes medios un hallazgo arqueológico hecho hace medio siglo, en la vertiente occidental de la Sierra, que hace palidecer al mismo Machu Pichu. En la Provincia de Betoma, en una conurbación; no es una gran ciudad centralizada, se han hallado hasta la fecha más de 8000 estructuras de carácter urbano, del tipo de las terrazas de Ciudad Perdida que evidencian una gran población, asentada en alrededor de 20000 hectáreas, que habría comenzado hacia el siglo V de nuestra era.

 Deben estar atónitos con las cifras, pues, si no me creen ahí está en linea la información. Para continuar con mi indagación personal, los invito a la próxima entrega, donde conoceremos a los descendientes de aquellos grandes orfebres y guerreros que durante 75 años trataron de impedir la destrucción de su herencia ancestral. Los invito a seguirme y, a leer las anteriores crónicas en el blog.

 

 

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