Crónicas de la Resistencia. XII.
GUNA YALA. II.
Furor Domini.
"Pluguiere a Dios que Pedrarias nunca llegara a aquella tierra, porque no fue sino una llama de fuego que a muchas provincias arrasó y consumió." Fray Bartolomé de las Casas.
Aunque entiendo sus palabras, no comprendo la intención del antiguo esclavista y encomendero arrepentido, convertido en fraile para dedicarse a una tardía defensa de los desvalidos, en estas tierras en manos de la furia divina, ejercida por el implacable y cruel Pedro Arias Dávila, el hijo, que el padre llamado el valiente, no podría ver sin sentir vergüenza.
La inquina y la envidia por su prestigio en ascenso, tras confirmar la existencia del nuevo océano, marcarían su relación con el Vasco Núñez de Balboa, hasta el punto de iniciar el juicio de residencia, apenas una semana después de poner pie en tierra. Neutralizado el rival en potencia, emprende una campaña de saqueo y exterminio en todas direcciones durante tres años, en los que, parafraseando a la Real academia de Historia; mientras rebana las cabezas de sus opositores, aprisiona y encarcela a amigos y enemigos, trata de exterminar al pueblo Guna en el Darién y a los demás en toda la jurisdicción que le corresponde. También dicen los anales oficiales que será enorme la fortuna amasada y que, gracias a esta, sorteara con éxito cuanto pleito y juicio se adelantara en su contra.
El polizón será uno de los degollados, un lustro después de encontrarse con quien ofreció ser su suegro y sería su verdugo, quien lo acusa de traición al rey sin fundamento alguno, junto a cuatro de sus leales, siendo ejecutados todos en un mismo día, tras un juicio sumario que apenas dura dos. Desde entonces y durante más de una década, sembrará muerte y desventura en todos los territorios sobre los que ejerce su poder, sin que haya quien le ponga coto. Mantiene a la corona de su lado, con constantes remesas del quinto real, aunque siempre rebanado a su favor, hasta que es descubierto y emplazado a juicio. Una vez más la descomunal riqueza acumulada entrando a saco, compra la conciencia de sus jueces y termina bien librado, como ya dijimos.
Volverá entonces a una nueva gobernación, tras una exitosa gestión adelantada por su flamante su esposa en las cortes, a continuar su gestión sin ningún cambio de actitud. Esta vez será la de Nicaragua, desde donde establece una vez más su reino de terror, en toda Mesoamérica. Para el efecto y buscando borrar los logros del descabezado principal, se desplaza por la ruta trazada por este, hacia el istmo, donde en el más inapropiado lugar impone la fundación de la primera Panamá.
Cuanto más se indaga acerca de la personalidad de este codicioso y atrabiliario sujeto, más desaguisados, entuertos, desafueros y atrocidades se descubren. Ese será su legado, casi desconocido y oculto por las élites que, en cada colonia resultante de esta devastadora campaña de conquista y sometimiento, se consolidan sobre ese poder espurio, mantenido con uñas y dientes en la republiquetas consiguientes. Logra llevarse hasta el obispado de Santa María la Antigua que, finalmente languidece y desaparece entre la manigua, a pesar de los intentos por mantenerla de sus residentes. Con los invasores instalados al otro lado de la serranía, en función de la conquista de los reinos fabulosos, los Dule retomaran por un tiempo aquellos territorios desolados, hasta que aquellos regresan en su aventura infructuosa por el sur.
Del Darién pasaran la mayoría a Guna Yala, fortaleciendo con su resiliencia y persistencia, en el archipiélago, una nación autónoma tras una revolución contra el abuso del gobierno neocolonial de la República de Panamá, impuesta por el nuevo amo del continente, tras adueñarse del territorio del Canal. En mil novecientos veinticinco recogerán los frutos de esta lucha con la consolidación de su Revolución Dule. Habría mucho que decir, más no nos corresponde aquí. Si le voy a dedicar la próxima cuartilla a una revisión somera de sus antecedentes y consecuencias para sus protagonistas y para los demás pueblos levantados entonces contra el imperio neocolonial. Es tal su importancia que, merece toda una investigación de la academia, y la publicación de sus resultados. Ya veremos...
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