Crónicas de la Resistencia. VI.

 

 LOS CARIBES.

 

 Podría pensar sin temor a equivocarme; con base en la investigación que he venido adelantando para consolidar estas crónicas; que, al momento del arribo de los barbaros invasores, los pueblos asentados en lo que hoy conocemos como El Caribe, habían alcanzado un grado de cultura suficiente, para devenir en una provechosa convivencia, en estas tierras prodigas, semejantes al lugar ilusorio llamado paraíso por los recién llegados. También que, lo poco que quedaba en Colón de buen cristiano; después de la azarosa travesía que casi termina en motín, si las corrientes no les hubieran depositado en las playas de Guanahani, aquel doce de octubre; agradeció a la providencia amanecer sano y salvo.

 Habían recalado al fin,  después de vislumbrar tierra en la noche oscura, en una de las muchas islas de las Antillas mayores, en los dominios de los Tainos que, como ya vimos tenían consolidada una sociedad bastante adelantada, con más de tres milenios de desarrollo, integrada sin afectar a la naturaleza más allá de la subsistencia diaria, venerando unos dioses que la representaban, a los cuales honraban en sus areitos con danzas y poéticas canciones, cultivando en sus eficientes conucos, variados productos regionales que los sustentaban, con los que comerciaban con los Caribes. 

 Por la misma ruta del gran rio Orinoco habían llegado estos, para entonces avezados navegantes en sus esplendidas canoas, y pescadores de grandes peces; que ahumaban y salaban para el intercambio; unos siglos antes que sus vecinos. No obstante, de naturaleza inquieta y beligerante, seguían habitando el sur de la región insular y diseminados en sus bahareques en grupos independientes, por todas las costas continentales hasta América Central, algunos aún hostigando a sus rivales, la mayoría activos mercaderes, penetrando por los grandes ríos el territorio continental, donde se establecieron y dieron lugar a prosperas naciones. Fueron quienes en primera instancia se resistieron a los invasores y se mantuvieron firmes hostigando desde las playas a los navíos, con sus lluvias de flechas envenenadas con el carare y, enfrentando sus avanzadas en las primeras incursiones continentales.

 Karibna se denominaban a si mismos, queriendo decir persona, término de su lengua que sería tergiversado por los forasteros como caníbales, desde que Colón los acusara de antropófagos, al ver como guardaban los restos de sus antepasados en sus hogares para honrarlos, buscando justificar sus abusos ante la reina, quien finalmente, en mil quinientos tres los declara sujetos de esclavitud o de exterminio si no abandonan sus costumbres y se hacen fieles católicos. Desde entonces el tráfico con los sobrevivientes a las arremetidas constantes, impulsa el pérfido negocio que consolida la sociedad esclavista en La española, en primer lugar y luego en Cartagena de Indias, para terminar fortaleciendo el régimen colonial en todo el Nuevo Mundo.

 Los Caribes, al igual que los Tainos terminan reducidos a pequeños grupos desplazados en la profundidad de las junglas, impenetrables entonces y en las altas montañas, donde se refugian en sus culturas, conservando sus saberes ancestrales y las tradiciones hasta hoy, cuando al fin pueden manifestarse como son, tras siglos de ignominias y desprecio, por parte de los herederos de los privilegios espurios, obtenidos con el saqueo de sus riquezas y la destrucción de sus naciones, por los conquistadores al servicio de la corona. 

 Merecen otra cuartilla aquellos pueblos que los enfrentaron en las Antillas y en las costas del Atlántico y algunas más los que, según los mapas de su desplazamiento, llegaron bien adentro del Continente. Al norte, en el centro y hasta lo alto de las cordilleras en el país de la belleza, encontramos naciones que tienen sus raíces en el devenir de estos navegantes de mar y rio. Ya vendrán, hasta entonces...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Rincón del Mar.

Androides.

A la izquierda.