Crónicas de la Resistencia. V.
HATUEY. II.
Una vez en Cuba, empieza una peregrinación por todos los cacicazgos en busca de guerreros dispuestos a repeler la invasión que, a la sazón ya llegaba a la mayor parte del territorio insular, a las costas de Mesoamérica y del caribe suramericano. Alonso de Ojeda, en el primer viaje andaluz recorrió el litoral desde la entrada del que sería llamado Golfo de Maracaibo, hasta el de Urabá, mientras Vespucio, encargado por sus amos portugueses, intento hacerlo hacia el sur, al Brasil. Ya las noticias de la irrupción desaforada de los barbaros barbados, pálidos, crueles y codiciosos circulaban por allí y tierra adentro en el continente.
Dice la inefable sabiduría popular que, juzgamos por nuestra propia condición y así, muchos de los pueblos amerindios recibían con curiosidad y una ingenua hospitalidad natural a aquellos aventureros y marginados del viejo mundo que veían esperanza en el nuevo, recién descubierto. Los había que venían de buena fe, ilusionados con un futuro mejor pero, muchos otros solo eran movidos por la codicia y algunos por las ansias de poder. Hatuey lo había comprendido viendo como arrasaban con Quisqueya y sus alrededores y como ahora, se dirigían, cada vez en mayor cantidad hacia los cuatro puntos cardinales. Lo dijo desde que llegó a la gran isla, su dios es el oro en primera instancia y, la codicia y todas las bajas pasiones humanas los dominan.
Durante ocho años estuvo con un pequeño ejercito apenas entrenado, pendiente de la entrada de los forasteros, al oriente de la isla, apostado en la desembocadura del rio Tao en la Región de Maisí, hasta el arribo de Velázquez de Cuellar con una poderosa y avezada tropa que en solo tres meses los redujo y atrapó a su valiente y aguerrido líder, mediante la traición de uno de los suyos. Más tardaron en hacerlo prisionero que, con la escusa de considerarlo hereje y levantado contra su rey, condenarlo a la hoguera de la Inquisición que había llegado para quedarse.
Poco acostumbrados a la guerra; apenas enfrentaban a los Caribes en sus esporádicas incursiones en sus territorios; los Tainos desparecieron como nación con rapidez, ante la sevicia y la alevosía con la que fueron desplazados de estos. Bartolomé de las casas, el "defensor de los indios"; primero conquistador, encomendero luego y hasta dueño de seres humanos; habla de la reducción acelerada de la cultura, ante el embate militar, la esclavitud inclemente en las minas de socavón implementadas por los europeos y las enfermedades que llegaron con ellos en sus barcos.
Fueron treinta y dos las naos que trajeron aquella segunda gran oleada de españoles de toda laya, dos mil quinientos en total; principalmente soldados, oficiales reales para su comando, curas doctrineros y jerarcas católicos, algunos artesanos y colonos con sus familias, las tripulaciones, sus maestres y capitanes y las infaltables bestias de guerra. Frey Nicolas, venía con el encargo expreso de recuperar el orden entre sus paisanos soliviantados, pacificar a toda costa aquellos territorios sumidos en el caos y, erradicar la rebeldía de unos cuantos caciques que comprendieron lo que les había caído encima. Se haría famoso por su sevicia y la eficacia de sus métodos inhumanos. Hatuey seria el último de los caciques Tainos rebeldes en caer, dejando sembrada la semilla de la resistencia iniciada por Anacaona y Caonabo, que hoy florece y permitió la supervivencia de algunos pueblos aborígenes de entonces.
Desde aquellas primeras sublevaciones, los reductos de las naciones aborígenes americanas, los pocos sobrevivientes refugiados en las selvas profundas y las altas montañas,- se estima entre sesenta y cien millones su número a la llegada de los primeros invasores- mediante múltiples expresiones, han persistido en su lucha por la conservación de sus raíces ancestrales. A partir de mil novecientos ochenta y nueve, tras la Declaración de las Naciones Unidas, los Movimientos de Autodeterminación actuales, continúan un histórico proceso en su defensa y para la recuperación de sus territorios. Indagaremos al respecto en el próximo ciclo. Hasta entonces...
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